Estos vídeos son la presentación de dos planteamientos operísticos distantes por repercusión, ubicación y difusión, pero muy próximos en el tiempo.
La apertura de la temporada supone para el Teatro alla Scala un acontecimiento social y político. Social porque las entradas mas caras a mas de 2000 euros están al alcance de pocos y es una ocasión para presumir de estatus y tal vez para recaudar ingresos para la financiación de la temporada. Política porque suelen asistir casi todos los miembros de las instituciones gubernamentales, aunque este año el Presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, no asistió para demostrar, supuestamente, su desaprobación por el hecho de que fuera Wagner y no Verdi (se celebra el bicentenario del nacimiento de ambos) el compositor elegido para esta apertura. El motivo de esta elección es que Barenboim, el director titular, siente más afinidad por el primero que por el segundo y no era cuestión de correr ningún riesgo añadido en un santuario “verdiano” como la Scala.