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miércoles, 14 de diciembre de 2016

'I VESPRI SICILIANI'. LES ARTS. 13/12/2016



Sin Elena no hay 'I vespri siciliani'... Esto es lo que parece que se tradujo el día del estreno con la participación de Maribel Ortega, con medios vocales insuficientes para afrontar el papel según han reflejado las crónicas del evento. No estuve ese día, así que me limito a reflejar dichas crónicas.
Yo asistí ayer a la segunda función, en la que cantaba Sofía Soliviy, la otra soprano prevista para sustituir a Anna Pirozzi en estas funciones, tras causar baja por su estado de gestación.
Iba con los ánimos contrariados y salí con cierto disfrute. Hay alicientes suficientes para ello, como el trío masculino de protagonistas, el Cor de la Generalitat, la Orquesta de la Comunitat... y la estimulante producción, en muchos momentos, del intendente de Les Arts Davide Livermore.


Foto E. Moreno Esquibel
El montaje, que actualiza el libreto a nuestro tiempo, es político, con toques irónicos y, aunque muy italiano en su relato, universal. Hay referencias más o menos directas, a los asesinatos de los jueces Falcone y Borsallino, a Berlusconi flotando por el ambiente y a Mediaset con sus 'Mama chicho' también, a la manipulación y control de los medios de comunicación y la violencia como forma de ejercer el poder, al machismo, a la pérdida de identidad y de criterio como resultado de frivolizar la política y la sociedad... Cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Las relaciones de los personajes y sus motivaciones están contadas según refleja el libreto, que dicho sea de paso, no era del completo agrado de Verdi. No faltan las diatribas y requerimientos paterno-filiales, de pareja y sus luchas internas entre el amor, el honor, el deber, el deseo de venganza y el perdón, señas de identidad en la gran mayoría de sus obras.
Los toques políticos con la presencia de un parlamento en la escenografía en escenas corales que pueden parecer ridículas, no hacen sino reflejar la realidad parlamentaria y política de los últimos acontecimientos, por estos lares y más allá de los mares, que no dejan de tener un tufillo de ridiculez...
Hay que mencionar la participación de algunos de los integrantes del Ballet de la Generalitat, que pusieron su vistoso granito de arena en esta ópera tan multitudinaria.


Foto E. Moreno Esquibel 
La parte musical estuvo bien servida, aunque con algunas connotaciones...
En lo vocal, el Cor de la Generalitat volvió a dar muestras de su calidad, tanto por empaste y sonoridad como por implicación en la escena.
Gregory Kunde ha cantado muchas veces el papel de Arrigo y hay pocos tenores que se atrevan con él. Con eso está ya dicho casi todo. Aún es capaz de cantarlo con suficientes recursos, incluido un falsete en forte al final de su aria del quinto acto.
Juan Jesús Rodriguez expuso como Monforte su excelente voz de barítono verdiano, al que le faltó matizar un poco más sus medias voces para redondear su labor.
El tercer protagonista masculino en discordia, es Procida, que tuvo en la sonora voz de bajo de Alexánder Vinogradov un buen servidor, luciéndose en su aria de entrada 'Oh tu Palermo'.
La comprometida partitura a la que se enfrentan las arriesgadas que se atreven a asumir el papel de Elena estuvo cantada, en esta ocasión, por la ucraniana Sofía Soloviy. Algún ligero sonido entubado en las notas bajas y el desigual color de voz no impidieron que saliera airosa en las partes dramáticas más comprometidas, y dejara algunas muestras de solvencia en los concertantes y en sus dos peliagudas y más conocidas arias de la parte final, actos cuarto y quinto, por las dos diferentes tipologías de voz que requieren.  
Homogéneos y cumplidores con el resto de personajes de esta obra tan coral. Andrea Pellegrini, Cristian Díaz, Nozomi Kato, Moisés Marín, Andrés Sulbarán, Jorge Álvarez, Fabián Lara en sus respectivos papeles de Il Sire di Berthune, Il Conte Vaudemont, Ninetta, Danieli, Tebaldo, Roberto y Manfredo.
La Orquestra de la Comunitat sonó en buena forma bajo la batuta de un Roberto Abbado, que no llegó a sacar todos los matices de esta partitura a medio camino entre la gran ópera francesa y el melodrama italiano del gran Verdi. Sí concertó y siguió con esmero a los cantantes y tuvo momentos de inspiración, pero el equilibrio y la tensión quedaron perjudicados por algunos excesivos contrastes.

'Elena' puede ser un tema disuasorio, pero como ya he dicho, hay elementos para poder disfrutar de un espectáculo con el que poder llegar a tener buenas, musicales e irónicas sensaciones...



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