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martes, 23 de mayo de 2017

'WERTHER' DE MASSENET. Palau de Les Arts 20/mayo/2017... SIN REDENCIÓN


En las óperas no se da la posibilidad de destripar el desenlace antes de ir a las representaciones. Ya se conoce el final, y en el 'Werther' de Massenet su final es una escena fundamental que culmina el tercer y cuarto acto representados sin interrupción. 
El responsable de la dirección de escena de esta propuesta de Les Arts es Jean-Louis Grinda. Su idea de narrar la historia a modo de flashback era sugerente, aunque su modo de resolverla sobre la escena no lo fue tanto. Por el lado más positivo refuerza ese carácter monolítico que muestra el enamorado poeta desde el principio y por el lado contrario, esos angelitos que hacen acto de presencia en la escena final, lo que consiguen es que el intimista y trágico desenlace quede más bien desangelado.
De la escenografía y vestuario de Rudy Sabounghi destacar el papel primordial que adquiere el enorme espejo y el fondo de bosque que se hace presente y desaparece según el momento requerido. La iluminación de Laurent Castaingt y la videocreación de Julien Soulier suman algunos puntos positivos a la, en parte, fallida idea de Grinda.



El ecléctico Henrik Nánási, fue el encargado, junto con la Orquestra de la Comunitat Valenciana, de transmitir la partitura de Massenet. Ambos fueron los que elevaron el nivel en la noche del estreno. Gracias a la lectura del maestro húngaro y a la respuesta de los músicos se pudo vislumbrar esos momentos de emoción que faltaron en algunos de los otros componentes en los momentos más esperados. Uno de los mayores atractivos de esta ópera es precisamente el discurso musical que el compositor creó para narrar la historia y ambos supieron hacerlo con un destacable resultado.



Jean-François Borras y Anna Caterina Antonacci, dando vida a Werther y Charlotte respectivamente, estuvieron dispares. El tenor frances, mucho más próximo al ideal y juvenil poeta, jugando bien sus bazas vocales y su idiomático origen. Empleó con notable efecto las medias voces, los falsetes y su brillante agudo, que se proyectaba bien en los plenos orquestales y supo transferir la melancólica personalidad del personaje. La mezzosoprano italiana, con un bagaje de cantante actriz considerable, mostró un desgaste vocal y una falta de proyección sonora que deslució su prestación. En su faceta de actriz y con una espléndida madurez, fue Charlotte, pero la voz no le acompañó para redondear su actuación.
La Sophie de Helena Orcoyen estuvo bien cantada y la soprano española dio muestras de su potencial, dada su juventud.
Al poco gratificante personaje de Albert, le dio 'vida' Michael Borth con cierta falta de entidad vocal y su prestación fue un tanto acorde a su personaje. Tanto Borth como el resto de comprimarios proceden del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo. que está dando un ramillete de jóvenes cantantes que defienden bien sus intervenciones, como quedó patente en la reciente 'Lucrezia Borgia' en este mismo teatro. A Michael Borth le quedó un poco grande para su voz de barítono el papel de consorte de Charlotte.
Efectivos estuvieron Alejandro López como Magistrado y padre de las criaturas, Moisés Marín y Jorge Álvarez en la piel de la pareja de amigos del Magistrado y amantes del buen vivir y Fabián Lara y Iuliia Safanova como Brühlmann y Käthchen respectivamente. 
A falta de coros en esta ópera la escasa parte coral y actoral la defendieron las voces infantiles de la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats y la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet.



Un Joven y prometedor Werther, una Charlotte que no llegó a serlo del todo, arropados por un orquesta en estado de gracia y un director que sabía muy bien lo que hacía, y todo envuelto en un montaje con algunas ideas sugerentes irregularmente resueltas, es lo que dio de sí la noche del estreno de esta esperada ópera de Massenet. Dejando una sensación casi tan quebrada como el estado en que queda el espejo mientras suena el preludio. Sin redención, como el propio Werther...

viernes, 19 de mayo de 2017

MAÑANA SE ESTRENA 'WERTHER' DE MASSENET EN LES ARTS


Esta novela de Goethe se publicó por primera vez en 1774 y la ópera 'Werther' de Massenet basada en esta obra se estrenó en Viena en 1892, con su libreto originalmente en francés traducido al alemán. Hay un lapsus de tiempo muy considerable entre ambos hechos, lo que hace que estas dos obras pertenezcan, por las fechas en que se dieron a conocer, a dos periodos culturales muy diferentes y contrapuestos, la literaria al Clasicismo y la musical al Romanticismo. Goethe se adelantó con esta obra a su época e influyó considerablemente en la literatura plenamente romántica de las décadas posteriores. Massenet, cuyo periodo vital coincide de pleno con el Romanticismo, fue catalogado de conservador o más bien, de reacio a las innovaciones por algunos de sus colegas. Quizá, estas premisas puedan dar alguna explicación, más o menos coherente, a la perfecta simbiosis de espíritu que estas dos obras tan dispares en el tiempo consiguen transmitir.
Esta ópera de Massenet representa, en extremo, algunas de las ideas que fueron el estandarte del movimiento romántico que predominó en el siglo XIX y hasta los primeros años del XX. La exaltación de la naturaleza, el sentimiento trágico de la vida, la primacía del individuo... Todo esto se refleja en el libreto y en la música que le acompaña de forma magistral. Tiene un carácter intimista que remarca este individualismo, por lo que no hay coros, solo unas voces de niños cantando a la Navidad. Frente a algunas escenas más 'pastoriles' para relajar tensiones, predominan las que te llevan al presentimiento del inevitable final, un final trágico, sin redención alguna, que se acaba asumiendo como inevitable.
Si la historia que cuenta el libreto puede parecer anacrónica por lo que supone quitarse la vida por un amor imposible, ya queda reflejado en el primer párrafo de estas notas, que lo anacrónico, algunas veces, queda relativizado con el tiempo. Más nos lo debería de parecer las muertes por un amor mal entendido que se dan en la actualidad. Y siempre será más ético y hasta más estético, un suicidio por amor que un 'la maté porque era mía'... donde no es admisible ni lo uno ni lo otro. 
Al bucear en la psique del Werther de Massenet puede sobrevolar cierta laxitud, pero la música del compositor francés se contrapone a ella con ejemplar efectividad.


Foto de los ensayos. Cortesía de Les Arts
No es fácil interpretar a los dos personajes principales de la obra. No lo es, conseguir un equilibrio entre la melancolía existencial del joven poeta enamorado sin esperanza y la atmósfera de tragedia que se respira desde el preludio mismo y a lo largo de muchos momentos de sus cuatro actos. Werther, es un personaje un tanto monolítico. Aparece ya vulnerable desde el inicio, mostrando una desdicha que no concibe consuelo terrenal. Busca este consuelo invocando a la naturaleza y a su sentimiento religioso sin conseguirlo. El de Charlotte transmite sutiles aristas en el trasiego de la narración. Una contención en su diatriba entre deberes y querencias, dejando traslucir atisbos de sentimientos de culpabilidad y un reconocimiento final de su amor hacia Werther.
No hace falta añadir que todo el peso de la obra gira entorno a ellos dos y la partitura no deja de trasmitir esta sensación. Massenet se esmera con sus intervenciones, tanto en solitario como en sus dúos, en las que consigue un vuelo lírico y sentido del drama digno de encomio. Los demás personajes que completan la ópera son meros satélites bien dibujados, aunque son eclipsados por la trágica historia de amor inalcanzable de los dos protagonistas. Entre estos 'satélites' cabe mencionar a Sophie, hermana adolescente de Charlotte y a Albert, prometido y resignado consorte de esta última. Completa el cuadro familiar Le Bailli, el viudo progenitor de las dos jóvenes hermanas.
Sumergirse en el espíritu romántico, en toda su amplia extensión, que esta pequeña joya de la ópera destila es un ejercicio de empatía muy recomendable. Todo es cuestión de dejarse llevar por esos pequeños éxtasis de belleza sonora salpicados de sutilezas instrumentales, expresión dramática y la psicología de la época.


Rueda de prensa de la presentación de 'Werther'
Presentación de la obra en rueda de prensa de los principales responsables de la propuesta: Anna Caterina Antonacci, Charlotte. Henrik Nánási, director musical. Jean-Louis Grinda, director de escena. Jean-François Borras, Werther. Davide Livermore, en el centro de la imagen e intendente de Les Arts.
Mañana sábado día 20 de mayo, es el estreno y la primera oportunidad de constatar los resultados de esta nueva producción en la que se embarca el coliseo valenciano junto con la Ópera de Montecarlo. Promete, ya veremos...

Audio de Jean-François Borras cantando 'Pourquoi me réveiller' en el MET en 2014.


lunes, 3 de abril de 2017

'LUCREZIA BORGIA' DE DONIZETTI. Palau de Les Arts 1/abril/2017... 'EL VENENO DE LA ÓPERA'


Por un juego del destino asistí a la función del 1 de abril de 'Lucrezia Borgia' de Donizetti, que en la temporada vigente se representa en el Palau de Les Arts, y ese mismo día se procedía a retransmitir en 'streaming' dicha función, siendo la primera vez que este tipo de difusión se realizaba desde este teatro de ópera. La jugada fue perfecta, porque no solo disfruté de una velada para el recuerdo, sino que me han concedido el placer de poder revivir la experiencia gracias a 'The Opera Platform' y a otras páginas que difunden el vídeo de esta destacable noche de ópera.
Es una obra que requiere de cuatro voces protagonistas y unas cuantas más en papeles secundarios que tienen su peso en la narración de la trama. Son todas voces masculinas menos la de la protagonista y la voz del personaje, travestido, de Orsini. Esta premisa hace que cada aparición de la soprano que se enfrenta al papel de Lucrezia, tenga un especial relieve. Donizetti ya se encarga de hacer el resto, para destacar cada una de sus apariciones.




La encargada de dar este 'especial relieve' en esta producción de Les Arts fue Mariella Devia, veterana artista que conserva un dominio de la voz para estas lides del bel canto, que se puede calificar como un prodigio de la naturaleza en esta etapa de su carrera. Es muy loable la inteligencia con la que maneja sus medios vocales para, sin forzar su instrumento, transmitir los estados de ánimo a la que le somete esta partitura. Estuvo sublime aunando belleza en el canto, tal como se requiere en estas obras, y expresividad a la hora de transmitir el texto. Una lección de estilo y un placer para los sentidos.
El conjunto de voces reunido para la ocasión fue muy homogéneo lo que contribuyó a que el nivel de lo escuchado fuera muy notable. Así lo fue la intervención de Marko Mimica como Don Alfonso, consorte de Lucrezia, tanto por la presencia como por la voz. Su papel de villano vengativo y manipulador lo resolvió con seguridad. Se lució en su aria y dio una estimable réplica en su dúo con Lucrezia del primer acto.
El papel de Maffio Orsini le viene como anillo al dedo a Silvia Tro Santafé, con un registro amplio y sonoro y estuvo perfecta en su rol de amigo y cómplice de Gennaro.
La intervención de William Davenport fue algo más plana, dando síntomas de alguna peculiar inseguridad en la emisión de la voz, atractiva por otro lado, pero le faltaron esos pequeños matices que algunas frases requieren para redondear su labor. Su participación estuvo más cerca de un Nemorino que de un héroe afligido y romántico, aunque en esto también tuvo algo que ver la idea del director de escena. 
Acierto pleno en los elegidos para los papeles secundarios que pusieron su granito de arena para que la velada llegara a buen fin. Rustighello, hombre de confianza de Don Alfonso, fue interpretado por Moisés Marín. Los dos personajes más próximos a Lucrezia, Gubetta y Astolfo, fueron defendidos por Andrea Pellegrini y Michael Borth respectivamente y los cuatro restantes amigos de Gennaro fueron cantados por Fabián Lara, Alejandro López, Simone Alberti y Andrés Sulbarán, dando vida correspondientemente a Liverotto, Gazella, Petrucci y Vitellozzo. 




El responsable de la dirección de escena es Emilio Sagi. La escenografía es de Llorenç Corbella. El vestuario ha sido diseñado por Pepa Ojamguren y la llamativa iluminación es de Eduardo Bravo.
El montaje es muy vistoso y facilita la narración de la trama. La escenografía ha sido definida por sus propios creadores como abstracta e intemporal, con un juego de luces y colores de bella factura y un vestuario que se integra a la perfección con dicha definición. Hay que destacar el color rojo del atuendo de Lucrezia en la última escena de la ópera, resaltando con acierto su entrada en escena y su importancia dramática.
Sagi da sus toques teatrales no exentos de intención, como ese vaivén de las letras que transcriben el nombre de 'BORGIA' al que son sometidas por parte de Don Alfonso, dejando constancia de la lucha de poder que supone estar casado con una Borgia. Ese 'estar en las nubes' de Gennaro, un tanto naif, implicado con su maqueta y que todo le sobreviene muy a su pesar. Y su toque más personal, el carácter ambiguo que le da a la relación de este con su gran amigo Orsini, con ese beso que le roba a Gennaro durante su dúo del segundo acto.    
El resultado es atractivo, brillante, práctico para narrar los hechos y algo que también es importante, eficaz para la proyección de las voces.




La orquesta de la Cominitat Valenciana, sonó algo diferente a lo que en ella es habitual. Fabio Biondi, con su bagaje historicista de la música barroca, le dio un sonido más pulcro y claro, algo más transparente y adaptándolo a las exigencias del bel canto. Esto supuso una presencia con menos afán de protagonismo, dejando fluir las voces y acompañándolas con mimo. El resultado fue pragmático, funcional y meritorio. con notables aciertos como el concertante final del prólogo, y la absoluta compenetración con Devia en su aria de inicio y en su cabaletta del final de la obra. 
El coro de la Generalitat Valenciana, con preponderancia de las voces masculinas, estuvo a la altura esperada, aunque su participación en esta obra no es tan 'preponderante' como en otras ocasiones.   

No es la primera vez que Biondi se adentra en los terrenos del bel canto italiano decimonónico. Ya lo hizo, en años anteriores, en el Palau de la Música de Valencia con sus versiones en concierto de las óperas: Anna Bolena del mismo Donizetti y Norma de Bellini. Siempre es un aliciente añadido escuchar lo que un especialista en Vivaldi como él, puede aportar a este estilo operístico tan alejado del Barroco.

La conclusión es que la primera retransmisión en 'streaming' desde el Palau de Les Arts, ha sido una oportunidad, muy bien aprovechada, para dar a conocer y consolidar la positiva labor que se está realizando desde este, para algunos estamentos estatales, 'contenedor de óperas'... Una buena ocasión para inculcar 'el veneno de la ópera' con 'el veneno de los Borgia'...

http://iopera.es/lucrezia-borgia-de-donizetti-en-les-arts/
Copiando esta URL se puede disfrutar de la representación e incluso guardar para los archivos...

domingo, 26 de marzo de 2017

HOY SE ESTRENA 'LUCREZIA BORGIA' DE DONIZETTI EN LES ARTS

Lucrecia Borgia (supuesto retrato en
La disputa de Santa Catalina, de Pinturicchio)
'Lucrezia Borgia' de Donizetti se estrena hoy en Les Arts. La visión que se puede tener de la auténtica Lucrecia de Borja, de estirpe valenciana, está cargada de leyendas y cuentos amorales que han hecho de esta mujer todo un personaje. Un personaje falto de ética, cruel y pérfido, cargado de especulaciones y objeto de múltiples legados literarios y cinematográficos.
Donizetti y su libretista, Felice Romani, se inspiraron en la obra de Victor Hugo para crear un melodrama de corte trágico, en el que se prescinde de otros aspectos más libidinosos de la supuesta vida de la hija del Papa Alejandro VI, y se centran en su enfrentamiento como madre en el devenir de la trama. En el prólogo ya queda expuesta la perversa fama y el perfil siniestro que la acompaña. En los dos actos que siguen se relata su funesto y maternal destino.
En esta ópera belcantista y romántica por excelencia, no hay una historia de amores pasionales y desencuentros al uso, hay un conflicto entre el amor hacia un hijo secreto y los celos y el deshonor por las falsas interpretaciones de ese amor, lo que lleva a la protagonista a un desenlace no deseado.
En el bel canto se corre el riesgo de que las 'cabalettas', que son propias de dicha corriente operística a la que Donizetti se entregó con esmero, desvirtúen el sentido dramático del texto. El propio Donizetti quería buscar la forma de enfatizar la teatralidad de los personajes con un canto y una música que expresaran los sentimientos y situaciones sin tener que recurrir a ejercicios vocales en busca de la mera exhibición y la belleza en las partes cantadas, y a su vez, que la parte musical no se limitara a un mero acompañamiento a los cantantes. Para entendernos, sería como si nos dieran una mala noticia cantada a ritmo de jota. Los peajes que se vio obligado a pagar el compositor para complacer a los divos y divas de turno y a los gustos del momento, no le permitieron llevar a cabo, del todo, sus intenciones. Como ejemplo está la exigencia de la soprano que cantó en el estreno en La Scala en 1833, Henriette Méric-Lalande, la cual obligó a Donizetti a componerle una 'cabaletta', modificando el final previsto, por puro divismo y de esta manera, finalizar la ópera con una exhibición de sus facultades, más allá del potencial dramático que la escena final requería.

Esta obra se representa poco y no es por demérito de sus cualidades, más bien, es por su dificultad vocal. Cuando surge una cantante con facultades e interés en interpretar el papel se representa, porque no en vano, es una muestra muy interesante de lo que se llamó el belcantismo italiano del siglo XIX. 
El libreto tiene enjundia, esto rueda a su favor, y por otro lado está la labor del compositor de Bérgamo, al intentar que el bel canto y el drama corrieran algo más parejos, sin caer en situaciones insulsas y que a veces pueden rozar el ridículo. El canto florido y ornamentado esta muy bien y es un placer, pero si además hay 'carnaza' mucho mejor para los tiempos actuales.




Este es el equipo que se enfrenta a este reto. La veteranía de Mariella Devia y la valenciana Silvia Tro Santafé, son dos valores seguros y con experiencia, las intenciones de Fabio Biondi crean buenas expectativas y la puesta en escena de Emilio Sagi parece, por lo visto en algunas imágenes, brillante y sugerente. Completan el protagonismo de esta propuesta William Davenport y Marco Mimica.




La absoluta protagonista de esta ópera de Donizetti en Les Arts es Mariella Devia, en el escenario todo gira en torno a ella y su personaje, Lucrezia Borgia, y es de esperar que nos proporcione grandes momentos, como ya lo hizo en la Norma de hace dos años en este mismo escenario.
La veremos y la escucharemos...

jueves, 16 de febrero de 2017

LA TRAVIATA DE VERDI EN LES ARTS. 15/feb/2017... 'NI MÁS NI MENOS'


Que 'La Traviata' es de Verdi no lo pone nadie en duda, pero son tantas las que se han representado, que para distinguirlas hay que ponerles alguna etiqueta. Esta que se exhibe en Les Arts estos días, se la conocerá por estos lares como la de Valentino, más que por la de Sofia Coppola, su directora de escena.
El día del estreno fue un acontecimiento social con alfombra roja incluida. El que hizo acto de presencia y expuso su lustre ante las cámaras fue Valentino Caravani. La ilustre directora de cine, hija del gran Francis Ford Coppola, no se pudo desplazar a Valencia por motivos de agenda.
El nombre del famoso modisto de alta costura aparece, en primer lugar, como corresponsable del vestuario y de la creación de esta producción, así que remitiéndome a los papeles y a los posados, esta 'Traviata' es la de Valentino.



Esta foto que ilustra estas notas, corresponde al 9 de febrero, día del estreno. La función a la que asistí como abonado fue a la de ayer 15 de febrero y los comentarios que siguen hacen referencia a dicha función. El teatro estaba a rebosar y parece que la tónica va a ser la misma en todas las restantes funciones. Un éxito, no sé si debido a Verdi, a Valentino, a Coppola, al intendente Livermore, o a todos ellos juntos y a la repercusión mediática del 'acontecimiento operístico'.



Para mí, esta 'Traviata' será la de Ramón Tebar, por mérito, y la de Marina Rebeka, por ser la protagonista.
Tebar es un buen director de orquesta y lo demuestra cada vez que se pone al frente en el foso de Les Arts. Su 'Aida' del año pasado en este mismo escenario fue para el recuerdo y en estas funciones de 'La Traviata' ha vuelto a demostrar su oficio y su claridad de ideas. Donde no llegaban a transmitir algunas voces lo hacía él con la orquesta, a la que ha hecho sonar en buena forma y consiguió transferir, en su justa medida, la carga de emotividad que conlleva esta partitura.
La Orquesta de la Comunitat y el Cor de la Generalitat siguen dando muestras de su nivel y son un baluarte que siempre hay que tener en cuenta.
La soprano letona supera el papel de Violetta sin problemas técnicos, es una excelente cantante, pero un tanto fría en la expresión. El tercer acto lo resolvió mucho mejor de lo esperado, gracias al acompañamiento que la batuta de Tebar le proporcionó desde el foso.
El Alfredo del mexicano Arturo Chacón-Cruz fue mejorando a lo largo de los actos, pero pasará sin pena ni gloria a los anales de la ristra de enamorados de Violetta que en la historia han sido.
El papel de Giorgio Germont, padre de Alfredo, no es muy largo y eso le permite a Plácido Domingo dar lecciones, aún, de cómo frasear con intención y enfatizar donde toca, sin desfallecer en el intento.


El resto de personajes que intervienen en mayor o menor medida fueron defendidos por integrantes del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, como ya va siendo habitual en Les Arts, y por algunos componentes del Cor. Entre ellos se puede destacar, por su directa relación en el devenir de la protagonista, a Anna Bychkova y a Olga Zharikova como Flora Bervoix y Annina respectivamente. Todos cumplieron con su labor.
El ballet del segundo acto fue resuelto con el toque de elegancia que presidió todo el montaje. En un intento de no caer en este pasaje de la obra en un mero trámite, se le prestó una especial atención y se resolvió con profesionalidad.  

Toda la producción es de altos vuelos, tradicional, diáfana en algunos cuadros y no exenta de estética. No aporta ese algo más que muchas veces se agradece cuando se está curtido en 'traviatas', ni tiene menos interés para los que no lo están tanto. Es vistosa pero no recargada y fiel al libreto. La escenografía de Nathan Crowley gira en torno al lucimiento de la protagonista y sus atuendos. La impresionante escalera del primer acto no sé si fue idea suya o una imposición de Valentino, para crear una de las imágenes que se quedan grabadas en la memoria. Ver a Violetta Valéry sola, descendiendo la escalinata arrastrando la cola de su vestido, que se desliza por los escalones mientras suena la música al inicio de la obra, tiene impacto y es un buen comienzo, no se puede negar. Lo que sigue ya es más o menos convencional y Coppola o Marina Bianchi en esta reposición procedente de la Ópera de Roma, no aportan ni mucho más ni hacen de menos esta 'Traviata' de Verdi... con toque Valentino.   

Algo que me he cuestionado en esta propuesta de Les Arts para la presente temporada, con toda la parafernalia de altos vuelos que ha llevado consigo, es si su fin es captar fondos mediáticamente sin romper la filosofía defendida por el intendente Livermore, o supone un cambio en la mentalidad de acercar la ópera a todos los públicos sin merma de su visión como arte total y sin perder la intención de hacerla un poco más contemporánea... El tiempo lo dirá.