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jueves, 16 de febrero de 2017

LA TRAVIATA DE VERDI EN LES ARTS. 15/feb/2017... 'NI MÁS NI MENOS'


Que 'La Traviata' es de Verdi no lo pone nadie en duda, pero son tantas las que se han representado, que para distinguirlas hay que ponerles alguna etiqueta. Esta que se exhibe en Les Arts estos días, se la conocerá por estos lares como la de Valentino, más que por la de Sofia Coppola, su directora de escena.
El día del estreno fue un acontecimiento social con alfombra roja incluida. El que hizo acto de presencia y expuso su lustre ante las cámaras fue Valentino Caravani. La ilustre directora de cine, hija del gran Francis Ford Coppola, no se pudo desplazar a Valencia por motivos de agenda.
El nombre del famoso modisto de alta costura aparece, en primer lugar, como corresponsable del vestuario y de la creación de esta producción, así que remitiéndome a los papeles y a los posados, esta 'Traviata' es la de Valentino.



Esta foto que ilustra estas notas, corresponde al 9 de febrero, día del estreno. La función a la que asistí como abonado fue a la de ayer 15 de febrero y los comentarios que siguen hacen referencia a dicha función. El teatro estaba a rebosar y parece que la tónica va a ser la misma en todas las restantes funciones. Un éxito, no sé si es debido a Verdi, a Valentino, a Coppola, al intendente Livermore, o a todos ellos juntos y a la repercusión mediática del 'acontecimiento operístico'.



Para mí, esta 'Traviata' será la de Ramón Tebar, por mérito, y la de Marina Rebeka, por ser la protagonista.
Tebar es un buen director de orquesta y lo demuestra cada vez que se pone al frente en el foso de Les Arts. Su 'Aida' del año pasado en este mismo escenario fue para el recuerdo y en estas funciones de 'La Traviata' ha vuelto a demostrar su oficio y su claridad de ideas. Donde no llegaban a transmitir algunas voces lo hacía él con la orquesta, a la que ha hecho sonar en buena forma y consiguió transferir, en su justa medida, la carga de emotividad que conlleva esta partitura.
La Orquesta de la Comunitat y el Cor de la Generalitat siguen dando muestras de su nivel y son un baluarte que siempre hay que tener en cuenta.
La soprano letona supera el papel de Violetta sin problemas técnicos, es una excelente cantante, pero un tanto fría en la expresión. El tercer acto lo resolvió mucho mejor de lo esperado, gracias al acompañamiento que la batuta de Tebar le proporcionó desde el foso.
El Alfredo del mexicano Arturo Chacón-Cruz fue mejorando a lo largo de los actos, pero pasará sin pena ni gloria a los anales de la ristra de enamorados de Violetta que en la historia han sido.
El papel de Giorgio Germont, padre de Alfredo, no es muy largo y eso le permite a Plácido Domingo dar lecciones, aún, de cómo frasear con intención y enfatizar donde toca, sin desfallecer en el intento.


El resto de personajes que intervienen en mayor o menor medida fueron defendidos por integrantes del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, como ya va siendo habitual en Les Arts, y por algunos componentes del Cor. Entre ellos se puede destacar, por su directa relación en el devenir de la protagonista, a Anna Bychkova y a Olga Zharikova como Flora Bervoix y Annina respectivamente. Todos cumplieron con su labor.
El ballet del segundo acto fue resuelto con el toque de elegancia que presidió todo el montaje. En un intento de no caer en este pasaje de la obra en un mero trámite, se le prestó una especial atención y se resolvió con profesionalidad.  

Toda la producción es de altos vuelos, tradicional, diáfana en algunos cuadros y no exenta de estética. No aporta ese algo más que muchas veces se agradece cuando se está curtido en 'traviatas', ni tiene menos interés para los que no lo están tanto. Es vistosa pero no recargada y fiel al libreto. La escenografía de Nathan Crowley gira en torno al lucimiento de la protagonista y sus atuendos. La impresionante escalera del primer acto no sé si fue idea suya o una imposición de Valentino, para crear una de las imágenes que se quedan grabadas en la memoria. Ver a Violetta Valéry sola, descendiendo la escalinata arrastrando la cola de su vestido, que se desliza por los escalones mientras suena la música al inicio de la obra, tiene impacto y es un buen comienzo, no se puede negar. Lo que sigue ya es más o menos convencional y Coppola o Marina Bianchi en esta reposición procedente de la Ópera de Roma, no aportan ni mucho más ni hacen de menos esta 'Traviata' de Verdi... con toque Valentino.   

Algo que me he cuestionado en esta propuesta de Les Arts para la presente temporada, con toda la parafernalia de altos vuelos que ha llevado consigo, es si su fin es captar fondos mediáticamente sin romper la filosofía defendida por el intendente Livermore, o supone un cambio en la mentalidad de acercar la ópera a todos los públicos sin merma de su visión como arte total y sin perder la intención de hacerla un poco más contemporánea... El tiempo lo dirá.